Sí, sí, la caradura de mi gata me ha despertado y hasta que no me he levantado de la cama no ha quedado tranquila la coleguita.
Ahora mismo son las 6.36 hora zulú. Mi aventura del domingo empezó a las 5.24 cuando me giré en la cama y la escuché bufarme de muy malas maneras. Ahora os estaréis preguntando si los gatos bufan de buenas maneras, lo sé, pero tienen distintos bufidos unos peores que otros.
Bueno a lo que iba que me disperso. Me giro y me bufa, y yo abro un ojo extrañada porque siempre duermo encogida para no molestar a su majestad gatuna, ya que duerme a mis pies siempre, cuando muevo las piernas o me giro. Lo dejo pasar y continúo durmiendo, al rato me vuelvo a girar (no estaba teniendo muy buena noche por lo visto) y otro bufido (este ya peor que el anterior) entonces abro los dos ojos y delicadamente, para no cabrearla más (sí, soy una cagueta y le tengo miedo a mi gata, ¿qué pasa? la teniaís que haber escuchado bufar vosotros) intento rozarla con los dedos de los pies y noto (con bufido de regalo) que está acostada verticalmente en vez de horizontalmente. ¡Vamos el colmo!
Querida Penny (así se llama mi gata) una cosa es que duermas como una señora marquesa en la cama, que te dejemos la manta que tejí para tí y tejiera otra para nosotros (somos unos calzonazos, pero enserio los colmillos de esta gata no son normales debe ser un híbrido con un animal salvaje) pero otra cosa es que quieras dormir al lado de mi madrido y vayas poco a poco ganando posiciones en la cama.
Hasta aquí hemos llegado, monina. (Me está mirando y tengo miedo)
Voy a dejar de escribir porque está en la butaca de al lado y me da miedo que tenga alguna habilidad que desconozca, como por ejemplo leer la pantalla que tan fijamente está mirando ahora mismo. Repito, tengo miedo.



